por qué habían querido que yo dejara la casa tan rápido.
Pero antes de que pudiera leer el resto, Tomás recibió una llamada.
Su expresión se volvió de piedra.
—Es ella.
Contestó.
Solo dijo dos palabras:
—Ya lo saben.
Y entonces comprendí que la persona que me había echado de aquella mesa no estaba intentando ahorrar dinero.
Estaba intentando ocultar algo que podía arrastrar a toda la familia con ella.