Mi familia quiso usar mi cuerpo, pero ocultaba un secreto aún peor

Valeria no era una candidata adecuada, entonces el trasplante nunca fue el objetivo final.

Teresa dejó de llorar.

Nicolás se puso rígido.

Valeria sintió un escalofrío.

Jimena sacó una copia de la póliza.

—El objetivo era que pareciera que Valeria había muerto por una complicación relacionada con su intoxicación, y luego utilizar la urgencia del trasplante para justificar decisiones médicas rápidas.

Arturo miró la póliza.

—El seguro.

—Exacto.

Teresa negó.

—No era así.

—Entonces explíquelo.

—Yo no planeé matarla.

Jimena la miró sin parpadear.

—Le dio un sedante en una dosis capaz de producir depresión respiratoria.

—Samuel dijo que solo dormiría.

Nicolás soltó una risa amarga.

—Siempre dices eso.

Samuel dijo.

Samuel decidió.

Samuel sabe.

En ese momento sonó el teléfono de Teresa.

Nadie se movió.

En la pantalla apareció un nombre.

Samuel Ibarra.

Arturo también lo vio.

Teresa rechazó la llamada.

Segundos después llegó un mensaje.

Jimena tomó el aparato con autorización del agente.

Leyó en silencio.

Su rostro cambió.

—¿Qué dice? —preguntó Arturo.

Jimena levantó los ojos hacia Valeria.

—Dice que el expediente original de nacimiento de Valeria está en su poder.

Teresa se quedó completamente blanca.

Valeria sintió un golpe de miedo.

Arturo miró a su esposa.

—¿Qué tiene que ver Valeria con Samuel?

Teresa negó lentamente.

—Nada.

Pero nadie le creyó.

Jimena leyó el segundo mensaje.

—Dice que si alguien habla con la policía, hará público quién es el padre de Valeria.

El monitor cardíaco aceleró de nuevo.

Valeria miró a su madre.

Teresa evitó sus ojos.

Aquello fue suficiente.

Horas después, cuando retiraron el tubo del respirador y Valeria pudo hablar con dificultad, su primera pregunta no fue sobre Nicolás.

Tampoco preguntó por la póliza.

—Quiero saber quién es mi padre.

Teresa estaba bajo custodia y se negó a responder.

Jimena, sin embargo, ya había solicitado los registros originales.

La respuesta llegó dos días después.

Samuel Ibarra no era el padre de Valeria.

Pero había firmado su certificado de nacimiento como médico responsable.

El nombre del padre había sido eliminado posteriormente mediante una corrección judicial irregular.

Jimena siguió el rastro.

Descubrió que el padre biológico de Valeria había sido un empresario llamado Héctor Cárdenas, antiguo socio de Arturo.

Héctor murió cuando Valeria tenía seis meses.

Había dejado un fideicomiso considerable para su hija.

Valeria jamás había oído hablar de él.

El fideicomiso tampoco aparecía en ninguno de sus documentos familiares.

Arturo sí conocía su existencia.

Durante casi treinta años, una empresa administrada por él había recibido comisiones por manejar aquel patrimonio.

Valeria comprendió entonces por qué siempre había sido útil para la familia y, al mismo tiempo, mantenida a distancia.

Su dinero llevaba décadas sosteniendo negocios que ella creía ajenos.

La póliza de ocho millones no era el único motivo financiero.

Si Valeria moría sin determinados beneficiarios registrados, una parte importante del fideicomiso podía pasar a una sociedad vinculada con Arturo y Teresa.

La investigación se amplió.

Samuel Ibarra fue detenido tres días después cuando intentaba abandonar el país.

En su domicilio encontraron copias de expedientes médicos, resultados alterados y mensajes intercambiados con Teresa y Nicolás.

Teresa fue acusada por la intoxicación y por participar en el fraude de seguros.

Nicolás enfrentó cargos por conspiración y falsificación documental.

Arturo no fue acusado del intento de homicidio porque no existieron pruebas suficientes de que conociera el

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